La leyenda continúa...




Cabeza, te echo de menos,
si es que alguna vez la tuve...
¡Pero nunca al corazón,
eso jamás, no lo dudes...!
¿Pues cuándo lo tuve yo?

¡Qué te añoro, Cabeza,
te repito!
¡Tú no sientas tristeza,
serás siempre el más grande y el más bueno!
¡Tu violencia espantosa es el veneno
que da fuerza a tu mito!

Jesús María Bustelo Acevedo

Hasta Siempre




Me voy con el Padre Eterno,
y con la Madre Infinita,
soy libre, no soy un cuerpo,
ni un reloj que nos oprima...
En este Cielo e Infierno
ni se entiende ni se explica.

Jesús María Bustelo Acevedo

Parusía



Algo vivo en la Tierra se descubre
y vibra en los hogares...
¿Busca paz?, ¿busca amor?, ¿busca alegría?...
¿o la luz de una madre?...
En su fuerza brutal
se estremecen las cumbres y los valles...
Y, sin embargo, pocos lo perciben,
como al viejo mendigo de la calle.

Jesús María Bustelo Acevedo

La Oración Copulativa



Copula conmigo, Amor,
y demos fruto sagrado
al impulso creador.

Son sagradas oraciones
que expanden en sus latidos
los amantes corazones.

Que en el principio fue el verbo,
y si el verbo no cupula
del engaño se hace siervo...
y en su prisión disimula.

Deja que el alma reciba
su esencia y en ella vibre
su oración copulativa...
¡la verdad que te hace libre!

Jesús María Bustelo Acevedo

El hombre y la danza



Una música rosa me estremece
abrazada al azul del infinito,
todo se expande y crece
en cada ciclo...
Muere el hombre y la danza permanece.

Jesús María Bustelo Acevedo

Contando ovejitas



Cada oveja, su pareja;
cada pareja, su reja,
y tras la reja, la queja
que los une y los aleja,
y el fingir
que eso es vivir
y que es feliz la pareja...
Hace siempre tanto daño
alejarse del rebaño
si el rebaño no se deja.

Jesús María Bustelo Acevedo

El Valle de Lágrimas



Llora el enfermo y el niño,
la moto y el diputado:
¡quien no lloró no ha mamado
de la teta del cariño!

Tanto llora, llora tanto
este mundo triste y feo
que no habrá para su aseo
más agüita que su llanto.

Ya que los chorros del oro
no sirven para limpiar
tanta miseria, ¡a llorar
y a limpiarla con tu lloro!

Jesús María Bustelo Acevedo
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